Por eso es fundamental que cada mujer encuentre su propio peso ideal basándose en su constitución física. Si una mujer es corpulenta por naturaleza, no puede pretender tener la misma apariencia de otra que nació delgada y menuda o la de las modelos de las revistas. Lo importante es aceptar nuestro cuerpo con sus virtudes y "defectos"; es cierto que la pancita, las caderas anchas, la cola grande o los muslos fuertes a
veces son puntos críticos, pero se pueden correr. Más allá de la edad que se tenga, de la altura y de la complexión física, hoy existe entre los médicos un nuevo criterio para comprobar si una persona está o no en el peso que le corresponde. Este método no es rígido -es decir, admite que una persona tenga unos kilitos de más- y puede realizarse a simple vista; el mismo consiste en chequear los siguientes cuatro puntos: el vientre debería ser relativamente plano (no tiene por que ser chato); al doblar o girar el tronco hacia un costado no deberían formarse rollos en la cintura; estando de pie, los muslos sólo deberían tocarse a la altura del nacimiento y en las rodillas y, por último, la cintura debería medir unos 20 centímetros menos que el pecho y las caderas. Superados los mandatos de "estar flaca como sea", la clave para lograr una silueta armoniosa está en la buena salud. Se consigue con dieta equilibrada y con actividad física regular, no con hambre y agotamiento.
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