La risa es uno de los mecanismos de expresión más ambiguos del hombre. Lo que sí es seguro es que provoca cambios en el cuerpo y no sólo en el ánimo. La respiración cambia de ritmo, y esto es más notable cuanto más fuerte es la risa. A tal punto que, después de una carcajada, podemos quedar con deuda de oxígeno y necesitamos respirar hondo para recuperarnos. Si estallamos en una carcajada, nuestras pulsaciones cardíacas pueden subir hasta 120 por minuto. La presión sanguínea suele elevarse también. En este mismo caso, se producen contracciones torácicas que pueden causamos un leve dolor en el abdomen. Pero la risa tiene efectos muy beneficiosos también. Libera la tensión muscular y el hipotalamo segrega una sustancia, la beta endorfina, que es analgésica y alivia la depresión. En el aparato digestivo, la risa hace vibrar los órganos en forma de masaje, que favorece la asimilación de alimentos. Y estimula al hígado y al páncreas a trabajar más activamente, favoreciendo todo el proceso.
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