En líneas generales los chorros actúan para estabilizar la temperatura corporal, a través de su acción en capilares, venas y vasos linfáticos. También según la parte del cuerpo donde se apliquen, tendrán relación con diferentes órganos: Los chorros de rodilla y muslo actúan sobre la vejiga y los hemorroides, así como en los órganos del vientre. Los chorros de brazos, pecho y espalda actúan sobre los órganos respiratorios y el sistema cardiovascular. Los chorros de temperatura ascendente y los chorros calientes sobre la nuca y lumbares son eficaces en el caso de tensiones musculares de la columna vertebral. Los chorros faciales provocan una acción del metabolismo y un alivio considerable en enfermedades crónicas de las vías respiratorias superiores, en el área de los senos frontales y maxilares. Un buen tratamiento es la ducha escocesa, consistente en chorros a presión a 35°C, de pies a cabeza, por delante y por detrás y se acába con agua fría. Es tonificante y relajante.
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